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Terra
La Coctelera

Aquí de nuevo

Ayer, no sé por qué, repasé este blog en que no he escrito nada desde que regresé de España.  Me dio un montón de nostalgia al leer mis propias palabras.  Nostalgia por estar en Madrid, por vivir mi rutina diaria de allí, pero también sentí muchas ganas de volver a escribir un blog.  Aunque nadie lo lea, escribir un blog y poder regresar meses (o años) más tarde y leerlo es un placer que sólo conozco desde hace muy poco.  Escribí de cosas mundanales, cosas de todos los días, pero todavía me llenan con memorias, si no específicas, memorias de una temporada de mi vida.

Mi vida ahora es tan distinta de la vida que llevé en Madrid que a veces no lo creo.  Pero no es decir que no me gusta mi vida.  Siempre pasamos a otra fase.  Puedo decir que la fase en que estoy ahora no es mi favorita, pero sí es una parte importante.  Acabo de romper con mi novio y la verdad es que nunca en mi vida he hecho nada más difícil.  Estos días soy algo de desastre, llorando en cualquier momento, y dudo  esta decisión muchas veces cada día.  Pero también sé que ésta es mi vida y tengo que seguir viviendo.  Ha empezado un nuevo semestre.  Enseño español en una universidad.  Tengo más de sesenta estudiantes nuevos y más de sesenta nombres nuevos que aprender.  Estoy super ocupada últimamente, y supongo que esto es lo mejor ahora.  La vida nos ofrece desafíos todos los días y nos hacen más fuertes.  Tengo empleo, mi propio piso, facturas menusales, amigos y una gatita.  Y mucho más.  Tengo vida.

En blanco

¿por qué no tengo la más mínima inspiración para escribir los dos ensayos que me quedan? tengo (casi) toda la información que necesito, tengo la habliidad de escribir, ya no tengo clases, así que tengo el tiempo libre para dedicarme al trabajo PERO nada me ocurre. me pongo a trabajar y el único fruto del labor es estrés. estoy en blanco.

Algo que compartir

Bueno, chicos, es increíble que ya hayamos llegado a este punto. Sólo nos quedan 16 días antes del final de los exámenes y de nuestro último curso aquí en Madrid. ¡Cómo ha volado el tiempo!

Al repasar los meses aquí en la memoria se me ocurren muchos consejos que puedo ofrecer a la clase que viene, ya que es un poco tarde para que me ayuden a mí.

El primero es ¡aprovecha! Aunque no lo creas, tu tiempo aquí será muy corto. No intentes viajar cada fin de semana porque te perderás muchas experiencias buenas en Madrid. Explora. Es una ciudad con mucho que ofrecer. No vayas siempre a los pubs irlandeses. Busca un sitio que realmente te guste. No te arrepentirás, te lo juro. Sé aventurero con la comida; nunca sabes... Come fuera de vez en cuando pero cocina en tu piso y con tus amigos. Las experiencias compartidas son las mejores. Esfuérzate en conocer a españoles. Hablando con ellos mejorarás de maravilla. También, ellos a veces conocen sitios que nunca podrías haber encontrado solo. Ve al cine  español. Te sorprenderás de lo que eres capaz de entender (y Middlebury te reembolsará). La Palabra de Honor no es tu enemigo. Come castañas asadas y sal a ver las luces en diciembre. No te pierdas los almendros cuando florezcan en la primavera. Casi cualquier supermercado es menos caro que El Corte Inglés. Presta atención al lado de la escalera mecánica en que estás. No siempre vayas en metro; es bueno saber cómo llegar andando (y es buen ejercicio además). Haz tu trabajo pero no te agobies demasiado; si no dejas todo hasta el final no tendrás problemas. Si te gusta escribir o no (y a mí no me gustaba mucho antes), haz una clase con Mercedes Gil. No lo digo por mi nota; realmente me ha gustado esta experiencia de escribir algo más que investigaciones académicas.

Espero que lo pases genial. Nunca lo olvidarás.

El español en los sitios menos esperados

Bueno. Hemos vuelto de dos semanas de vacaciones. Me encuentro por una parte con fuerzas nuevas para terminar las semanas que nos quedan y por otra parte sin ganas de hacer nada. Necesito recuperarme un poco después de mis viajes.

El viernes tres de abril partí para Alemania, acompañada por una amiga de EE UU. Ya había pasado más de una semana con mi novio, hablando mucho inglés, y no esperaba emplear el español durante los nueve días siguientes. Nuestro primer destino era Berlín, una ciudad muy interesante, repleta de historia y una mezcla curiosa de lo antiguo y lo moderno. Aterrizamos, encontramos las mochilas y buscamos el tren. No sabemos exactamente cómo llegar al hostal pero tenemos una idea, más o menos. Nos negamos a usar un taxi.

Menos de dos horas y cinco euros más tarde... ¡éxito! Llegamos victoriosas al hostal y recibimos las llaves de nuestra habitación compartida. Encuentro mi cama, una de arriba, y en la cama donde Kate debe dormir, bajo la mía, hay un bulto enorme. ¿Es un hombre durmiendo? Un chico leyendo en su cama se ríe un poco y se encoge de hombros. Kate elige otra cama. Embutimos las mochilas grandes en los armarios pequeñitos y salimos para buscar comida.

Al regresar vemos al chico de nuestra habitación y nos informa que el bulto en la cama era el mochilazo de un chico argentino. Regresamos juntos. Stanislav (o Stas), el chico de la risa, nos invita a salir con él luego y poco después entra Lucas, el argentino. Nos conocemos todos y Lucas está emocionado al saber que hablo español. Quedamos en salir dentro de un par de horas y Kate y yo descansamos un poco.

A las nueve los cuatro bajamos a la calle y buscamos un bar para probar la famosa cerveza alemana. Lucas, quien ha estado viajando solo un mes, habla con mucho gusto, deseoso de comunicarse en su lengua nativa. Después de una caminata un poco larga, guiada por Stas, elegimos un bar con terraza y nos sentamos y pedimos la primera ronda.

Como suele pasar, el alcohol afloja la lengua y liberamos la conversación como si fuéramos amigos de más de unas horas. No sé precisamente cómo o cuándo pero me encuentro en un momento la traductora de un coloquio filosófico entre los chicos. Con más cerveza pasamos a la religión. Naturalmente los dos tienen ideas muy distintas respecto a la teología. Pongo fin a esta discusión porque sé que nunca vamos a llegar a un acuerdo y Kate y yo preferimos trasladar a otro sitio e intentar otra vez ser parte de la conversación.

Paramos para patatas fritas (demasiada cerveza, no bastante comida) y encontramos un pub. Stas pide otra ronda, más grande que la anterior. Empezamos bien, todos hablando pero otra vez me transformo en traductora. ¿El tema esta vez? El sexo. Después de dos cervezas y media estoy bastante impresionada con mis propias habilidades de traducción y sigo un rato meramente por fascinación. Kate y yo intercambiamos miradas raras al oír lo que dicen Stas y Lucas, reímos, y no intervenimos en la discusión (bueno, menos yo por traducir). Por fin estamos hartas de cerveza y de conversación masculina y convencemos a los chicos que es hora de regresar al hostal.

No esperaba usar tanto el español en Alemania (y aún menos en temas y circunstancias así) pero supongo que la vida nos proporciona oportunidades dondequiera que vayamos.

El pan de cada día

Es una parte normal de la vida diaria aquí pero algo que siempre me gusta. No me cansa de comer el pan. Sé que el pan blanco quizás no es el mejor para la salud (mejor sería pan integral) pero hay algo irresistible de esta comida tan cotidiana. Anoche, después de ver Los abrazos rotos de Almodóvar regresamos a casa a las 12:30 y teníamos hambre. No había mucha comida pero satisfacemos el deseo de comer con tomates cherry, pan del día anterior y un poquito de sal. Y ¿sabes? Estaba muy rica.

Hoy entramos en un chino, Alimentación felicísima, para comprar zumo y olía a pan del horno. Comentamos en el momento cuánto nos gustó ese olor (y también el olor de cerveza, cuando no sale de la boca de alguien); paramos un momento para respirar el olor tentador de levadura antes de pagar las bebidas y continuar a casa.

No lo había pensado en el momento, pero ese olor me sugiere una cadena de recuerdos, como la magdalena de Proust. Primero pienso en la universidad. Había una fábrica de pan, la marca Mrs. Baird's, en Waco, Texas y pasaba por al lado al ir a la iglesia. Siempre sabía si hacían pan ese día o no, y siempre me encantó cuando sí lo hacían. Luego este recuerdo da lugar a otro, más antiguo, de mi juventud. Había otra fábrica de pan, esta vez de Butterkrust, en mi ciudad natal, Austin, Texas. Un día en mi clase del colegio tuvimos un viaje de estudio a la fábrica, el olor rico envolviéndonos durante varias horas. Al final probamos pan recien salido del horno con un poco de mantequilla. ¡Qué rico!

Receta (¿de desastre? vamos a ver)

El fin de semana pasado una amiga hizo rollos de canela. ¡Hace tanto tiempo que no como rollos de canela buenos! Los de Starbucks no valen, siempre un poco secos. Cuando pienso en rollos de canela pienso en Cinnabon. Un rollo de canela debe ser grande, pegajoso, dulce, blando, un evento en sí porque te hacen falta varias servilletas y una visita al lavabo después (para lavarte las manos, digo).

Pedí la receta a mi amiga y tengo pensado intentar hacerlos cuando mi novio esté aquí. Puede que nos salgan fenomenal..., pero la receta venía acompañada de una advertencia: <<Buena suerte. Necesitas mucha paciencia>>. También puede que sea un desastre.

La mitad de mis aventuras en la cocina aquí -sólo hablo de postres, ¿eh?- ha salido bien. Los proyectos fallidos han sido resultados -más o menos- de problemas de conversión o de la falta de ingredientes específicos. Mi gran suceso ha sido una hornada de muffins de calabaza y la mayor desgracia fue otra hornada de galletas con pedazos de chocolate (en el otoño de 2007). Espero que los rollos de canela sean otro triunfo y que la lista (todavía corta) de desastres no crezca. Vamos a ver, ¿no?

Pelo, cabello, melena

Hoy he hecho algo que me ha dado miedo durante mucho tiempo: me he cortado el pelo aquí en Madrid. Mejor dicho: he dejado que un español me corte el pelo.

Desde que tenía nueve años he tenido la misma peluquera, Robin. La relación entre una mujer y su peluquera es algo que a veces los hombres no entienden. Robin conoce bien mi pelo, sabe que hay más pelo en un lado que en el otro, puede hacer que el flequillo me quede bien, etc. Fui a casa durante las vacaciones de Navidad y Robin me recortó el flequillo porque había crecido mucho y me estaba volviendo loca. Ahora han pasado dos meses y medio y aunque no estaba tan largo como en diciembre ya me estaba molestando. Así que lo hice. Llevaba una foto, por si acaso resultara útil.

Me lavó el pelo -qué placer- y empezó a cortármelo. Cuando llegó al flequillo tuve que dar varias explicaciones -el flequillo es complicado y bastante prominente- pero creo que nos entendimos al final. Me peinó después y me quedé bastante satisfecha (y aliviada). No hay nada igual a salir del peluquero con un corte que te gusta, bien peinada, cuando hace sol y tienes tiempo para pasear con calma.

Los almendros te llaman

En un día como hoy -nublado, un poco frío, con un cielo que amenaza lluvia- prefiero pensar en el sol que nos acompañó durante el fin de semana. El viernes por la tarde hacía muy buen tiempo y, con Meredith, era testigo de la belleza escondida de esta ciudad.

Por casualidad, una noche en un bar cogí una revista gratis -una de esas para turistas- y al día siguiente la hojeaba en casa. De hecho descubrí más de una cosa interesante, como las estatuas de Rodin que están ahora en el Paseo del Prado. Una cosa en particular era un jardín que la revista describía como un "tesoro escondido" o algo así. Había una foto de almendros, la atracción central del jardín, que dice que florecen normalmente en febrero. Aficionadas a la naturaleza, a las flores en particular, Meredith y yo elegimos un día y fuimos. Queda un poco lejos el jardín pero te puedo asegurar que vale la pena ir. En la estación de Suanzes (línea 5) subes del metro y ves la entrada del parque Quinta de los Molinos. Apenas entras y ves por los dos lados una huerta de árboles preciosos. Los almendros ostentan sus flores, unas rosas, unas blancas, invitando a los caminantes a entrar, respirar el olor dulce, olvidar la ciudad.

Fue increíble. Quiero regresar cuando haga mejor tiempo. No pierdas este tesoro floreado, en serio.