En un día como hoy -nublado, un poco frío, con un cielo que amenaza lluvia- prefiero pensar en el sol que nos acompañó durante el fin de semana. El viernes por la tarde hacía muy buen tiempo y, con Meredith, era testigo de la belleza escondida de esta ciudad.

Por casualidad, una noche en un bar cogí una revista gratis -una de esas para turistas- y al día siguiente la hojeaba en casa. De hecho descubrí más de una cosa interesante, como las estatuas de Rodin que están ahora en el Paseo del Prado. Una cosa en particular era un jardín que la revista describía como un "tesoro escondido" o algo así. Había una foto de almendros, la atracción central del jardín, que dice que florecen normalmente en febrero. Aficionadas a la naturaleza, a las flores en particular, Meredith y yo elegimos un día y fuimos. Queda un poco lejos el jardín pero te puedo asegurar que vale la pena ir. En la estación de Suanzes (línea 5) subes del metro y ves la entrada del parque Quinta de los Molinos. Apenas entras y ves por los dos lados una huerta de árboles preciosos. Los almendros ostentan sus flores, unas rosas, unas blancas, invitando a los caminantes a entrar, respirar el olor dulce, olvidar la ciudad.

Fue increíble. Quiero regresar cuando haga mejor tiempo. No pierdas este tesoro floreado, en serio.