El fin de semana pasado una amiga hizo rollos de canela. ¡Hace tanto tiempo que no como rollos de canela buenos! Los de Starbucks no valen, siempre un poco secos. Cuando pienso en rollos de canela pienso en Cinnabon. Un rollo de canela debe ser grande, pegajoso, dulce, blando, un evento en sí porque te hacen falta varias servilletas y una visita al lavabo después (para lavarte las manos, digo).

Pedí la receta a mi amiga y tengo pensado intentar hacerlos cuando mi novio esté aquí. Puede que nos salgan fenomenal..., pero la receta venía acompañada de una advertencia: <<Buena suerte. Necesitas mucha paciencia>>. También puede que sea un desastre.

La mitad de mis aventuras en la cocina aquí -sólo hablo de postres, ¿eh?- ha salido bien. Los proyectos fallidos han sido resultados -más o menos- de problemas de conversión o de la falta de ingredientes específicos. Mi gran suceso ha sido una hornada de muffins de calabaza y la mayor desgracia fue otra hornada de galletas con pedazos de chocolate (en el otoño de 2007). Espero que los rollos de canela sean otro triunfo y que la lista (todavía corta) de desastres no crezca. Vamos a ver, ¿no?